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jueves, 9 de febrero de 2012

MEDICINA Y ALIMENTACIÓN

"Que tu alimento sea tu medicina y que la medicina sea tu alimento"
Esto decía Hipócrates (460 - 370 a.C.)
Quizás esta afirmación sea ahora más verdad que nunca. La dieta equilibrada (completa, variada) es fundamental para conseguir y mantener una buena salud. Nadie pone en duda actualmente la necesidad de controlar la cantidad y el tipo de alimentos que ingerimos para prevenir enfermedades como la obesidad, la arterioesclerosis y otras. Pero, ¿hay alimentos que funcionan como medicinas?
La leche con Omega 3, los productos lácteos que regulan el nivel de colesterol,  la absorción del calcio, el tránsito intestinal... ¿Son realmente un avance de la relación dieta-salud o simplemente son productos de marketing que nos obliga a pagar más caro un alimento tratado artificialmente? Si son realmente eficaces, ¿no deberían venderse en farmacias y adjuntar un prospecto sobre su uso?
También se publicitan alimentos traídos del otro lado del mundo que, tras adquirir normalmente a altos precios, nos aseguran una cascada de benéficas cualidades, pero ¿hay en nuestro entorno cercano alimentos con propiedades equivalentes? ¿Son los nombres exóticos imfluyentes en nuestra elección? ¿Son una moda pasajera o llegan para quedarse? Hace unos años se recomendaban las isoflavonas de soja contra los desórdenes menstruales y los causados por la menopausia, hasta que varios estudios científicos descartaron esa relación y las isoflavonas cayeron en el olvido (http://www.muyinteresante.es/imejora-la-soja-los-sintomas-de-la-menopausia)
Por otro lado, a interacción entre alimentación, biotecnología y medicina se hace patente hoy en día con las investigaciones sobre los "alimentos vacuna". Son alimentos modificados mediante ingeniería genética para ser portadores de  vacunas contra determinadas enfermedades. Esta posibilidad podría ser una de las soluciones a las terribles epidemias que asolan los países más desfavorecidos, ya que no presentarían dificultades de alamcenamiento ni transporte, ni se necesitaría personal médico especializado para su administración. (http://www.consumer.es/seguridad-alimentaria/ciencia-y-tecnologia/2002/07/30/2883.php)

 ¿Cómo formarse una opinión fundamentada, sensata y coherente? Es lo que intentaremos en este debate.

miércoles, 17 de febrero de 2010

DETERMINACIÓN DE LA PRESENCIA DE ALMIDÓN Y AZÚCARES REDUCTORES EN LOS ALIMENTOS











Volvemos a utilizar a nuestro amigo el lugol para determinar la presencia de almidón en los alimentos. Además usamos el reactivo de Fehling para comprobar la existencia de azúcares reductores: todos los monosacáridos y los disacáridos excepto la fructosa, que pierde los grupos carbonilo al contar con un enlace (1-2).
El reactivo de Fehling contiene sulfato de cobre y tiene la particularidad de cambiar de color, de azul a rojo, cuando el grupo carbonilo del azúcar se oxida a carboxilo, reduciendo el Cu II a Cu I.
Disponemos de varios alimentos: plátano, jamón cocido industrial, uvas y arroz. Descubrimos que el plátano tiene almidón en abundancia ¡y también el jamón aunque no debería tenerlo! Al parecer a los embutidos de baja calidad le añaden papa para disminuir la cantidad de carne.
También vimos que, como aseguran los textos de biología, la uva contiene glucosa y que el plátano también posee al menos un azúcar reductor (probablemente fructosa). El resto de las frutas no contienen almidón y el arroz presenta un alto contenido de esta molécula, pero nada de azúcares reductores.